Economía de baja altitud: la próxima frontera sudamericana
Durante las últimas décadas, el enfoque prioritario de las agendas tecnológicas, políticas y de desarrollo ha estado orientado hacia dominios exoatmosféricos, la consolidación de redes satelitales y la extensión de la infraestructura digital terrestre. Sin embargo, existe una capa intermedia del espacio físico-atmosférico, comprendida entre el suelo y los 1.000 metros de altitud, que está emergiendo como un nuevo vector de transformación estratégica: la economía de baja altitud. Esta capa, a menudo invisibilizada en los discursos hegemónicos sobre innovación, es portadora de un enorme potencial económico, logístico, cognitivo y soberano.
Este dominio, frecuentemente subestimado o confinado a la operación de plataformas aéreas no tripuladas, debe ser entendido como un ecosistema complejo que articula capacidades industriales, cadenas de valor tecnoproductivas, generación y análisis de datos críticos, y formas avanzadas de planificación territorial. En conjunto, configura una capa soberana en disputa, tanto desde la perspectiva geopolítica como desde una lógica de autonomía tecnológica y justicia espacial.
Reconfigurando la altitud operacional: una definición regionalizada y ampliada
Los marcos regulatorios internacionales, especialmente aquellos provenientes de entornos euroatlánticos, tienden a delimitar el espacio aéreo de baja altitud por debajo de los 500 pies (aproximadamente 152 metros). Esta definición, si bien funcional a contextos de alta densidad urbana y madurez institucional, resulta restrictiva para Sudamérica. Las condiciones particulares de nuestro continente —como la extensión territorial, la baja densidad de cobertura logística y de infraestructura de transporte, y la diversidad geográfica— exigen una redefinición conceptual.
En este marco, proponemos una extensión operacional hasta los 1.000 metros de altitud. Esta ampliación no solo contempla las operaciones visuales (VLOS) y más allá de la línea visual (BVLOS), sino que también habilita la progresiva incorporación de aeronaves autónomas de carga, soluciones de movilidad aérea urbana (UAM) y rural, corredores logísticos verticales, y redes de sensores atmosféricos distribuidos. En suma, se trata de consolidar una infraestructura aérea estratificada y funcionalmente diversa, que complemente la infraestructura terrestre tradicional y amplíe la soberanía operativa de los Estados.
Verticales de aplicación: una economía sectorialmente transversal y en expansión
⚡ Energía y transición climática: El monitoreo remoto de activos críticos como líneas de alta tensión, subestaciones, parques solares y eólicos mediante plataformas equipadas con sensores multiespectrales permite una gestión predictiva del mantenimiento, una mejor detección de fallas estructurales y una reducción de riesgos operativos. Además, habilita estrategias de eficiencia energética y respuestas ante eventos climáticos extremos.
🌾 Agrotecnología y seguridad alimentaria: La incorporación de drones para la captura de imágenes multiespectrales, el modelado fenológico, la cartografía de rinde y la aplicación localizada de insumos convierte a la agricultura de precisión en un vector clave de productividad y sostenibilidad. Esto no solo optimiza la toma de decisiones agronómicas, sino que contribuye a la adaptación climática y la seguridad alimentaria regional.
🏛️ Seguridad, defensa civil y resiliencia territorial: La vigilancia de zonas críticas, el patrullaje automatizado de fronteras, la detección de amenazas en infraestructuras sensibles y la integración con sistemas de comando y control generan nuevas formas de protección territorial. Estas capacidades no reemplazan al Estado, sino que lo potencian desde una lógica de cobertura distribuida y tecnología cívica.
🚚 Logística, distribución y movilidad avanzada: La economía de baja altitud habilita soluciones disruptivas a problemáticas estructurales como la última milla en zonas periurbanas y rurales. Drones de reparto, asistencia logística en emergencias, corredores aéreos de insumos médicos y, en un futuro cercano, aerotaxis, constituyen formas concretas de integración territorial.
📊 Inteligencia territorial y gobernanza basada en evidencia: La producción continua de datos geoespaciales, modelos tridimensionales, mapas de riesgo y monitoreo ambiental permite robustecer la planificación urbana, la gestión de recursos naturales, la prevención de desastres y la toma de decisiones en tiempo real. La baja altitud es, en este sentido, una nueva capa de información soberana.
Lineamientos para una estrategia sudamericana de activación
La consolidación de la economía de baja altitud en Sudamérica requiere un abordaje multiescalar, interdisciplinario y prospectivo. No puede ser tratada como una extensión del desarrollo aeronáutico convencional, sino como un campo autónomo de innovación estructural que demanda institucionalidad específica, capacidades técnicas especializadas y una articulación público-privada sostenida. Algunos lineamientos clave incluyen:
✅ Reformulación normativa integral: Es imperativo contar con marcos regulatorios adaptativos, basados en evaluación de riesgo operacional, que habiliten vuelos BVLOS, certifiquen plataformas y operadores de manera eficiente, e integren los sistemas UTM con el espacio aéreo controlado.
✅ Fomento a la soberanía tecnoproductiva y digital: Deben generarse incentivos fiscales, líneas de crédito y políticas de compras públicas que promuevan el desarrollo de proveedores locales de hardware, software y servicios asociados a la baja altitud.
✅ Infraestructura digital y espacial interoperable: Se requiere desplegar redes redundantes de conectividad, estaciones base, hubs de datos geoespaciales y plataformas interoperables de control y coordinación de tráfico aéreo no tripulado.
✅ Formación de capital humano especializado: Es indispensable diseñar programas educativos y de capacitación continua para formar pilotos remotos, analistas geoespaciales, integradores de sistemas, reguladores, inspectores y planificadores estratégicos.
✅ Articulación regional: Sudamérica debería propiciar espacios de cooperación técnica entre países, armonización normativa, transferencia de tecnología y creación de fondos multilaterales que impulsen la infraestructura aérea regional.
Conclusión: gobernar el cielo bajo como estrategia soberana de desarrollo
La economía de baja altitud se proyecta como una arquitectura emergente de infraestructura, datos, movilidad y autonomía. Su despliegue democratiza el acceso a información estratégica, optimiza cadenas de valor tradicionales, dinamiza sectores clave y habilita nuevas industrias intensivas en conocimiento y vinculación territorial.
Sudamérica se encuentra ante una oportunidad histórica: liderar esta transición no solo desde la incorporación tecnológica, sino desde una planificación soberana y federada. Gobernar el cielo bajo no es una utopía futurista ni una extensión natural del presente: es una decisión estratégica urgente.
Porque el futuro no está en el aire:
está justo debajo de él.