Opinión: por qué las ciudades no necesitan drones de 30 kg, sino uno de 10

Durante los últimos años empezamos a ver los primeros drones diseñados específicamente para logística. Plataformas como el DJI FlyCart 30 o el más reciente FlyCart 100 muestran que el transporte aéreo de carga ya no es una idea futurista, sino una tecnología que empieza a tener aplicaciones concretas.

Sin embargo, cuando pensamos en la logística urbana, aparece una pregunta interesante que quizás todavía no se está haciendo lo suficiente:

¿realmente necesitamos drones tan grandes para las ciudades?

Nuestra impresión es que no necesariamente.

La mayoría de los drones logísticos que vemos hoy están diseñados para mover cargas grandes: 30 kg, 50 kg o incluso más. Eso tiene mucho sentido en entornos industriales o rurales, donde hay que transportar herramientas, repuestos pesados o materiales a lugares de difícil acceso.

Pero cuando bajamos la escala al nivel de la ciudad y, más específicamente, al nivel del barrio, el problema cambia completamente.

Un pedido típico de supermercado de barrio rara vez pesa más de 5 o 6 kg.
Un envío de farmacia suele ser aún más liviano.
Un paquete de e-commerce pequeño muchas veces está entre 1 y 3 kg.

En otras palabras: gran parte de la logística urbana ocurre en un rango de peso mucho más bajo de lo que suelen mostrar los drones actuales.

Por eso creemos que existe una idea interesante para explorar: un dron de carga más pequeño, algo así como un FlyCart 10, con capacidad para transportar hasta 10 kg.

No sería un dron pensado para operaciones industriales, sino para algo mucho más cotidiano: la logística de barrio.

Imaginemos un supermercado de proximidad que recibe pedidos online. En lugar de enviar una moto o una camioneta para cada entrega, el pedido podría cargarse en un dron y llegar al cliente en pocos minutos.

Lo mismo podría aplicarse a farmacias, ferreterías, casas de repuestos o pequeños comercios que necesitan enviar productos dentro de un radio de pocos kilómetros.

En ese contexto, un dron más pequeño tendría varias ventajas claras.

Sería más silencioso, más eficiente energéticamente y probablemente mucho más barato de operar que un dron de carga grande. También sería más fácil de desplegar desde techos de edificios, pequeños centros logísticos o incluso desde comercios de barrio.

Este tipo de operaciones forma parte de lo que hoy se empieza a llamar economía de baja altitud: todas aquellas actividades económicas que ocurren en el espacio aéreo cercano al suelo, generalmente por debajo de los 150 o 200 metros.

Así como en su momento las ciudades se organizaron alrededor de las carreteras, los ferrocarriles o las redes eléctricas, es posible que en el futuro también empiecen a aparecer redes logísticas aéreas de baja altitud.

Para que eso suceda, probablemente necesitemos algo más que drones grandes. Vamos a necesitar plataformas adaptadas a distintas escalas.

Los drones de 30 kg o 100 kg tienen su lugar en logística industrial, en operaciones en zonas rurales o en transporte de cargas más pesadas.

Pero para la ciudad, y especialmente para el barrio, quizás la herramienta adecuada sea otra.

Un dron pequeño, ágil y especializado en entregas cortas.

Un dron que pueda transportar lo que realmente se mueve todos los días: medicamentos, comida, paquetes pequeños, repuestos urgentes.

Un dron de 10 kg de carga útil podría ser más que suficiente para cubrir gran parte de ese mercado.

No se trata de una predicción ni de una certeza tecnológica. Es simplemente una observación sobre la escala real de la logística urbana.

Si el objetivo es mover cosas dentro de un barrio, quizás no necesitamos drones cada vez más grandes.

Quizás lo que necesitamos es el dron correcto para la escala correcta.

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